X


[ Pobierz całość w formacie PDF ]

�ndice negativo.
Se calló, y yo hice lo mismo; de nuevo necesitaba tiempo para poner en orden mis
pensamientos. Por favor, compr�ndanme... es f�cil sentirse libre cuando uno ha sido
educado en la libertad; no es f�cil de otro modo. Un tigre de un zoo, si se escapa, a
menudo volver� por su propio pie a la paz y seguridad de sus barrotes. Si no puede
volver, pueden estar seguros de que pasear� arriba y abajo dentro de los l�mites de los
barrotes de la jaula que ya no est� a su alrededor. Supongo que yo tambi�n estaba
paseando arriba y abajo por la jaula imaginaria de mis esquemas condicionados.
La mente humana es una cosa tremendamente compleja; hay en ella compartimientos
que ni su propio due�o sospecha. Yo cre�a que hab�a conseguido limpiar mi mente de
todas las sucias supersticiones que hab�a sido empujado a creer. Estaba aprendiendo que
la �limpieza� no hab�a sido m�s que un barrido en el que hab�a metido el polvo y la
suciedad debajo de las alfombras... deber�an pasar a�os antes de que la limpieza fuera
completa, antes de que el fresco aire de la razón soplara en todas las habitaciones.
De acuerdo, me dije a m� mismo, si me encuentro con uno de esos par... no,
�camaradas�, intercambiar� el reconocimiento con �l y ser� educado... �tanto como �l
sea educado conmigo! En aquel momento no vi nada hipócrita en mi reserva mental.
Zeb se echó hacia atr�s, fumando, y me dejó cocerme a fuego lento. Yo sab�a que �l
estaba fumando y �l sab�a que yo lo desaprobaba. Pero era un pecado menor y, cuando
compart�amos la misma habitación en los alojamientos de Palacio, nunca se me hab�a
ocurrido delatarlo por ello. Incluso sab�a que la sirvienta de la habitación era quien le
suministraba el tabaco.
- �Qui�n te suministra el tabaco ahora? - le pregunt�, deseando cambiar de tema.
- �En? Bueno, puedes comprarlo en el economato, por supuesto. - Mantuvo en alto
aquella porquer�a y la miró -. Estos cigarrillos mexicanos son m�s fuertes de lo que me
gusta. Sospecho que ponen en ellos aut�ntico tabaco, en lugar de las barreduras de
puente a las que estaba acostumbrado. �Quieres uno?
- �En? �Oh, no, gracias!
Sonrió sarc�sticamente.
- Vamos, adelante, �chame tu habitual reprimenda. Har� que te sientas mejor.
- Mira, Zeb, no estaba critic�ndote. Supongo que simplemente es otra de las muchas
cosas sobre las que estoy equivocado.
- Oh, no. Es un h�bito sucio y asqueroso que arruina mi aparato respiratorio y mancha
mis dientes y finalmente me matar� de un c�ncer de pulmón. - Inspiró profundamente,
dejó que el humo brotara por las comisuras de su boca, y pareció profundamente
satisfecho -. Pero simplemente resulta que me gustan las costumbres sucias y
asquerosas.
Lanzó otra bocanada.
- Pero no es ning�n pecado, y mi castigo por ello est� aqu� y ahora, en el mal sabor
que tengo en la boca cada ma�ana. El Gran Arquitecto no va a enviarme al infierno por
ello. �Quieres uno, muchacho? No hay nadie observ�ndonos.
- No hay necesidad de ser sacr�lego.
- No lo estaba siendo.
- �No, eh? Te est�s burlando de una de las m�s fundamentales, quiz� la m�s
fundamental, proposiciones de la religión: �la certeza de que Dios lo est� viendo todo!
- �Qui�n te lo dijo?
Por un momento todo lo que pude hacer fue farfullar.
- No es necesario que me lo diga nadie. Es una certeza axiom�tica. Es...
- Te repito: �qui�n te lo dijo? Mira, me retracto de lo que he dicho. Quiz�s el Alt�simo
est� observ�ndome fumar. Quiz�s es un pecado mortal y debido a ello arder� por los
siglos de los siglos. Quiz�. Pero �qui�n te lo dijo? Johnnie, has alcanzado el punto en 3!
que est�s intentando derribar al Profeta y colgarlo del �rbol m�s alto que encuentres. Sin
embargo, est�s intentando reafirmar tus propias convicciones religiosas y utilizarlas como
piedra de toque para juzgar mi conducta. As� que te repito: �qui�n te lo dijo? �En qu�
monta�a estabas inmóvil cuando el rayo bajó de los cielos y te iluminó? �Qu� arc�ngel te
trajo el mensaje?
No respond� inmediatamente. No pod�a. Cuando lo hice fue una sensación de shock y
de fr�a soledad.
- Zeb... creo que finalmente te comprendo. Eres... ateo, �verdad?
Zeb me miró fr�amente.
- No me llames ateo - dijo con lentitud - a menos que realmente est�s pretendiendo
crearte problemas.
- �Entonces no lo eres? - Sent� una oleada de alivio, aunque segu�a sin comprenderle.
- No, no lo soy. Pero eso no es asunto tuyo. Mi fe religiosa es algo privado entre yo y mi
Dios. Cu�les son mis creencias internas es algo que deber�s juzgar por mis acciones...
puesto que no eres invitado a preguntarme respecto a ellas. Ni t� ni nadie... ni el Maestro
de la Logia... ni el Gran Inquisidor, si llegara el caso.
- �Pero crees en Dios?
- Ya te lo dije, �no? Aunque no es asunto tuyo pregunt�rmelo.
- �Entonces debes creer en otras cosas?
- �Por supuesto que s�! Creo que un hombre tiene obligación a ser compasivo con el
d�bil... paciente con el est�pido... generoso son el pobre. Creo que est� obligado a dar su
vida por sus hermanos, si es requerido a ello. Pero no me propongo probar ninguna de
esas cosas; se hallan m�s all� de toda prueba. Y tampoco te pido que creas en lo mismo
en que creo yo.
Dej� escapar un suspiro.
- Me siento satisfecho, Zeb. [ Pobierz całość w formacie PDF ]

  • zanotowane.pl
  • doc.pisz.pl
  • pdf.pisz.pl
  • drakonia.opx.pl